10 años y 10 meses
Y posteo con una semana de retraso porque no estaba muy inspirada, entre que se me han borrado muchos recuerdos de España y que ahora mismo estoy mucho más centrada en temas alemanes, por razones obvias…
En fin, lo prometido es deuda. Antes de que deje vuestro país definitivamente y me vaya a retozar con los teutones, allá vamos con la serie mensual de las cosas que la guiri que soy – y a mucha honra – estuvo viviendo en España.
En España, estuve hablando español, cosa extraordinaria de por si, y más aún cuando recuerdo el nivel penoso con el cual llegué a Madrid.
Al idioma español le había perdido cualquier interés un año antes de acabar mis estudios, que fui cuando decidí que iba a irme a vivir a Inglaterra, así que, para qué molestarme con otro idioma.
Cinco años después , las circunstancias de la vida hacen que desembarco en Madrid y ahí me doy con un canto en los dientes de acordarme todavía de como articular “ho-la, me lla-mo Ga-ba-cha”.
Y sobre todo, no me entero de nada de lo que me está contando la gente. Nada que ver con lo que he aprendido en clase, sobre todo en cuanto a velocidad se refiere. A partir de ahora, mi frase más usada en cualquier situación será: “¿Podrías repetírmelo más lento por favor?”
Mis nuevos amigos españoles acaban apodándome Homer, respecto a que cuando alguien me pregunta si he estado en Sevilla alguna vez, le contesto que si, me parece que la ce cedilla se utiliza en catalán.
Incluso las pocas veces donde oigo las palabras correctamente, no siempre les pillo el sentido.
Así es como cuando un día, un compañero en la comida me pregunta:
¿A ti te gustan los toros?
Bueno, vaya pregunta más rara, ¿no?
Si, hombre, el toro es un animal bonito, fuerte, pero… ¿le tendré más cariño a un toro que a una vaca, una oca o una oveja? Buff… Difícil de contestar.
Ahora, si me pregunta si me gustan los gatos, hombre, eso si es facil de contestar: me parecen un buen animal de compañía, no me disgustaría tener uno. Pero, ¿un toro? Un toro como animal de compañía, desde luego que no. Pobre toro, en mi piso…
Así que, preguntándome qué narices habrá querido decirme el compañero cuando me habrá preguntado si me gustaban los toros, me lanzo en la respuesta:
Bueno, si.
Por su respuesta, no tardo ni cuarto de segundo en pillarle el sentido.
Y así me he quedado, Gabacha, la a quien le gustan los toros y también la que mira con cara de horror cuando alguien le cuenta que tiene un constipado*.
* constipated = estreñido en inglés


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